Nos sentí cayendo. No hice nada, nada para detenernos. Nos sentí muriendo.
Ahora tú te vas, y de lo único que yo soy capaz es de suplicarte:
"Ahora que te vas, promete no faltar, sea un sólo segundo, cada triste noche, en mis tristes sueños."
Y si lo prometes, yo a tí prometo no despertar nunca, nunca, nunca.
Nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario