sábado, julio 5

Cielos rosas son finales felices, o la muerte inminente.

Doménico moriría por ella. La mira con esos ojos que lo dicen todo, la mira tratando de decirle que ELLA ES TODO PARA ÉL.
Josefina no lo mira, Josefina sólo mira un punto en el vacío y se pregunta entre tantas otras cosas si ella será su vida completa, si él moriría por ella, si...
¿Qué es eso? ¿Me pareció ver un brillo de terror en los ojos de Josefina? ¿O era de emoción? ¿¡Qué has visto Josefina!? Como si me hubiera escuchado, dice:
- El cielo...¡Está rosa! ¡Completamente rosa!
Y así es Josefina, la tarde se ha ruborizado (por haber tenido que formar parte de esta situación), y ojalá no lo hubieras notado, así a lo mejor te hubieras fijado más en el auto, en la máquina del infierno que viene hacia tí a toda velocidad.
Doménico moriría por ella.

Coraje, decía mi abuela, es lo que le falta a ese mocoso.

Consciente de las consecuencias por primera vez, quiso que parara. De veras lo quiso, de veras lo quiso, pidió con todas sus fuerzas a quién sabe quien que por favor, le dejara regresar. Que cambiaría, que sólo necesitaba otra oportunidad.
Muy tarde, le responden, el cielo es para los que no se acobardan, y es muy tarde también para volver a estar muerto.

La vida es una puta muy difícil de entender.

Golpe contra la muralla, estoy quebrado. No como vidrio, sino como corazón, y ni siquiera, más bien como un guijarro que después de tantos miles de años solo, no recuerda la piedra madre. Quebrado, como si se hablara del canto del ave que se corta por la bala que baja del cielo. Quebrado y sin recordar lo que es estar completo. Sin sentido, sin decirlo.