martes, septiembre 15

La mañana, la bruma y, como siempre, tú

Yo no recuerdo como se llama ella, pero recuerdo su aroma siempre, sobre todo cuando paseo por las mañanas brumosas del Gran Santiago en septiembre, con la luz colándose y marcando las siluetas de los cerezos en flor, encargados del reconocible olor que te trae a mi mente.
Mis pupilas se dilatan cuando siento tu aroma, intentando encontrar tus ojos verde azulados. Tus ojos han de estar cerrados en algún lugar en esta mañana santiaguina, con el sol a punto de entrar por tu ventana para recordarte a mí y a mis iris, que como siempre decías, eran de luz de sol. Si tan sólo pudiera recordar algo más que tu aroma y tus ojos, amor.


jueves, septiembre 10

fernando a los 18 menos 1 mes

No quiero madurar aún, no, seguiré caminando por la berma en las tardes tristes de este aún invierno. Aún estoy aquí como ayer, pero un poquito menos triste. Y un poquito menos niño de lo que fui. Ya le hable y supe su nombre, ya me enamore y desenamore y volví a enamorar. Ya las pastillas me quitaron los miedos.
Ya no lloro a escondidas por no tenerte cerca, padre. Ya no tengo vergüenza de darte un beso en la calle, madre.
Ya sentí las manos, los ojos, las pestañas, las espaldas, las manos, las manos, las manos y las pestañas en la espalda.
Y aún estoy aquí como ayer, tirado en el pasto solo, sabiendo que no estoy tan solo. Aquí como ayer, aún sin conocer New York. Sin ver todavía los mares, las montañas, los amaneceres, pero imaginándolos cada segundo que paso aquí tirado.
Y las flores siguen también como ayer y como el aún invierno pasado, tal vez llegaron un poco antes este año, pero son las mismas, estoy seguro que son las mismas. Como yo soy lo mismo, pero creyéndome más grande y por lo mismo, deseando ser más pequeño. Y nunca te conformas fernando.
Luna, hoy te toca llorar a tí, viendo a este estúpido partir. Y gracias por las noches sin sueño.

sábado, septiembre 5

Del "Ay, nunca te conformas"

A Francisco le encantan esos finales de cuento que suceden como derrepente. Esos en los que uno estaba recién empezando a recordar el nombre del protagonista y de pronto ¡paf! tabla en la cabeza y la enamorada se muere, fin.
Porque no hay nada que hable peor de un libro que cuando uno tiene que detener la lectura irritado para hojear el texto y averiguar cuánto mierda falta para el final del capítulo.
En fin, el último jueves, gracias a Dios, fue un día de final del tipo tabla en la cabeza. Que final más simple y que simpleza más bella, pasó todo tan rápido...
Quizás... demasiado rápido...