No lograría olvidarla hasta que se deshiciera de su foto. "Estoy muy viejo para andarme entristeciendo cada vez que abro el cajón para buscar las llaves." Porque ahí estaba ella, en blanco y negro, hermosa como cada día desde hace cuarenta años, entristeciendo al viejo desde hace diez. Siempre sonriendo a la derecha del block de notas, abajito de los clips y las aspirinas, siempre esperando que él abriera el cajón para saludar, inmune a sus suspiros.
"Estoy muy viejo para andar triste, y muy viejo para recordar." Se levantó de la silla y sus muchos años parecieron levantarse con él, sacó la foto del cajón del escritorio y se dirigió al tarro de la basura. Al principio con pasos decididos, luego titubeando. Se detuvo a pasos del tarro, no por cansancio sino por el peso de los recuerdos. "¡Cómo te extraño, cómo te amé, y si supieras cómo te extraño!" No, no podía tirar su fotografía así como así: el miedo es infinitamente más poderoso que la tristeza, imagínate, levantarse un día y no poder recordar su cara.
Recorrió de vuelta el camino avanzado con pájaros de nostalgia y amor pesándole en los hombros en vez de los años, y ella volvió a su hogar: a la derecha del block de notas, abajito de los clips y las aspirinas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario