martes, septiembre 9

La Niebla

No se dió cuenta, pero la niebla empezó a caer apenas cerró la puerta, apenas decidió que se marchaba de casa.
Corrió al único lugar que se le ocurrió: un sitio baldío, un parque de diversiones para su imaginación a unas cuadras de su, ahora, ex-hogar. La niebla sigue bajando, preparándose.
Nuestro héroe la nota por primera vez, y le gusta, camina rápido, decidido va adentrándose en ella, perdiéndose. Llega al punto donde no ve nada. Nada más que la niebla, tan densa ahora, que si se le ocurriera estirar el brazo hacia adelante, tendría problemas para verse la mano siquiera. Se relaja... así es como debe ser. Estoy completamente solo, nadie me ve. Repasa sus pensamientos, y se tensa completo, ¿Nadie me ve?
Su corazón da un vuelco. Va a correr, pero es tarde. Una segunda figura se adivina lista ya para atacar entre la niebla.

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