miércoles, diciembre 31

la tarde era tan perfecta

Al momento del golpe que terminaría con su vida entendió muchas cosas y quiso saber muchas otras. Sintió las miradas sobre él, escuchó los gritos. Vio los ojos, aspiró los alientos. Ojos llenos de miedo, alientos llenos de sueños. ¿Y qué hay de sus sueños? No importaba, nada importaba. Sólo el sol. El sol que le llenaba la cara mientras yacía sobre el pavimento. El segundo que duró su último respiro fue el momento que había esperado toda su vida. El atardecer era perfecto en esa esquina de Santiago.

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