jueves, agosto 23

A mil la docena

El sol me habla bien callado.
Con sus historias me saca
la sonrisa del corazón
No sé porque, no me importa
¿Quién necesita razones
cuándo la vida dice que son
los tiempos para ser feliz?

Los recuerdos se amontonan
en una caja de cartón:
Ésa que se esconde bajo
de mi colchón.
Para que luego llegues tú
(tal como el sol)
Y los hagas felices por
muy tristísimos que sean.

Te espero ahora en una esquina lluviosa
Mis manos tiritan, están por soltar las rosas
Que como un niño pequeño te fui a comprar
Con la esperanza de dártelas si hubieras decidido venir.

Las lágrimas tibias, camufladas por la tormenta
Sirven de aviso, de que no vas a aparecer
Doy media vuelta, maldiciéndome.
Y las rosas son testigos de lo que nunca pudo ser.

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