viernes, octubre 24

La Máquina (capítulo 1: introducción a Alicia)

Ella se dormía con el sonido del motor del viejo Wolksvagen de su padre. ¿Y qué no la hacía dormir en un mundo tan poco apto para un ser como ella?
Creció, y se dio cuenta un día del mundo, y quiso llorar, y lloró, y para que sus lágrimas no fueran en vano las juntó en un vaso que luego llevaba a la fuente del jardín para que los pajaros las bebieran. Y ¡que pájaros más bendecidos!, si sólo pudiera yo tocarle la sombra, si su aliento pudiera capturar un segundo.
Alicia siguió creciendo hasta alcanzar la edad de trece, y a sus trece lo decidió: subiría al ático al que le había prohibido subir su padre, en el que él se gastaba horas y horas.
Era un día gris, se podía oler la lluvia entre las piedras , la olían los pájaros (sólo los que habían bebido sus lágrimas) y volaban a refugiarse.
Alicia esperó a que su padre le cantará el cumpleaños con torta de fresas y le diera su regalo: un libro que Alicia seguramente ya había leído en los ojos del viejo (autoayuda) y tuvo que esperar aún más para que éste saliera al trabajo, entonces subió, peldaño, peldaño... Una hora por cada uno, ya que el miedo la consumía, hasta que tocó el pomo de la puerta y ésta se abrió como si hubiera sabido que ella venía.

No hay comentarios: