Lo primero que noté cuando entré al ático es que éste era de proporciones más grandes de las que un ático debiera ser, las paredes eran de un tono rosa coral desteñido muy raro, rarísimo en una casa como la de Alicia, donde todas las paredes de los cuartos permitidos son de un blanco inmaculado... Me estoy dando vueltas en datos sin importancia, que no nos llevarán a ninguna parte en la historia, así que mejor seguimos.
Lo primero que notó Alicia cuando entró al ático fue la ausencia de un techo cubriendo la habitación. Lo segundo fue la ausencia del ruido que venía sintiendo hace ya varias horas mientras subía las escaleras: la lluvia, que caía sonando estripitosamente en los techos del resto de la casa ahora era atraída suavemente por un pequeño tubo dorado colocado en una esquina de la habitación, y dirigiéndose hacia la tercera cosa en que se fijó la jóven.
La "cosa" era magnífica, de tan elaborada fabricación que Alicia pensó en las complicaciones que le significaría adquirir unos ojos verdes incluso más grandes que los suyos, ya que los había abierto hasta sus límites cuando entró y vio el ático, pero luego decidió que no iba a ser posible, que no existirían en ninguna parte un par de ojos lo suficientemente grandes para expresar lo que esa cosa le hacía sentir.
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