¿Dije que Alicia era una niña modelo? No, lo siento. Ella no es perfecta, superior sí, superior por supuesto. Perfecta, nunca.
Es que a la edad de trece, ella ya es una adolescente derechamente, y lo fue desde quizás los once. Alicia no es de cristal, seda y perfumes. Ella es de asfalto, y bien pisoteado.
Quizás partió todo con el descubrimiento del diario de vida de su madre: cumpleaños, viajes, disfraces, golpes, y más que nada, golpes. Todo escrito con una caligrafía perfecta, que daba cuenta del gran carácter de su madre. Alicia leyó cada palabra por lo menos cinco veces, con la esperanza de encontrar algún código que diera alerta de que su vida no había sido tan escalofríante, tan horripilante como aparecía escrita. Lo leía cada día, después de haber estudiado en la biblioteca de la escuela cuanto libro encontrará sobre mensajes secretos, por supuesto, sin éxito.
Fue en octubre, dos meses después del descubrimiento del diario, que Alicia se resignó. Su padre era un asesino, su madre lo había soportado por miedo a que le hiciera algo a ella, su hija, en cuyos ojos veía y creía entender el gran misterio que es Alicia:
Enero 16:
Hoy no ha sido muy diferente de ayer. Mis moretones comienzan a palidecer y tengo miedo de que lo note. Mañana me escapo. Alicia sigue escondida en la alacena, ya van casi diez días desde que le dije que había desapare-
Así concluye el diario, y la infancia de Alicia. Ambos a mitad de oración.
No hay comentarios:
Publicar un comentario