El olor que trae consigo el verano por las tardes le hacía tiritar tanto como el más frío aguacero invernal. La luna comienza a aparecer entre las ramas, las mariposas en su estómago despiertan, desesperadas por aletear:
"Sentado en el parque, todo le parece más lento a uno. Sobre todo cuando te estoy esperando a tí."
Las farolas acababan de encenderse cuando la vio llegar, en su corazón, algo más que atracción latía. Un beso, ¡suéltalo ya, dilo ya! ¿Qué es lo que guarda tu corazón? Te quiero. Dos pares de ojitos enamorados se van perdiendo entre los árboles, y lo único que advierte de su presencia son los suspiros, repartidos por todo el crepúsculo:
"Recuérdame como soy esta tarde. Recuérdame esta tarde para siempre."
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